LA IGLESIA DE LA POSVERDAD
La RAE define ‘posverdad’ como «una distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales». Más que distorsión de la realidad, es una distorsión de la verdad, porque podemos tener una realidad que no necesariamente sea la verdad, y mucho menos la verdad absoluta que es inmanente a la Biblia y a Jesucristo que es la Palabra de Dios/Verdad hecha carne.
Esta «manipulación de creencias y emociones» no es otra cosa que la adaptación de la verdad a giros modernistas e ideológicos sustentados políticamente para hacerlos ver ‘legales’ y sustentables, cuando en verdad es una gran mentira manipulada para hacerla ver como verdad.
Entendemos que existen muchas ‘verdades’, pero nosotros nos referiremos a «la Verdad», la cual es y está únicamente en Cristo (Juan 14:6), que es la única verdad absoluta, porque no acepta ni puede ser sustituida, y porque esta Verdad sustenta todo lo que vemos y aun lo que no vemos.
Acepten los hombres y sus instituciones que Jesucristo es la Verdad o no lo acepten, esta Verdad es la raíz de todo, en ella/Él todo lo creado tiene sentido. Esa Verdad jamás pasará de moda ni puede ser modificada para adaptarla a las nuevas ideologías o corrientes del mundo, porque «en él vivimos, nos movemos y somos», como lo señaló el apóstol Pablo en referencia al filósofo y poeta Epiménides (Hechos 17:28).
Específicamente, «la Posverdad radica en la subordinación y reorganización de los hechos desde ideologías específicas y voluntad política, lo que requiere de un mecanismo de legalización en el que se intente naturalizar la epistemología a partir de las emociones políticas» (Wikipedia).
La Iglesia, como cuerpo de Cristo en la tierra, siempre fiel a la doctrina enseñada por el Señor Jesús, descansa, por lo tanto, en la verdad absoluta de que Él es Dios Hijo, así como la única Verdad eterna sobre la que deben descansar todas las demás verdades relativas de la humanidad para que estas puedan tener fundamento.
Puesto que es «la iglesia del Dios viviente, columna y fundamento de la verdad» (1ª Timoteo 3:15); no puede aceptar algo que se llama Posverdad, ya que, como lo revelan las Sagradas Escrituras, la Verdad es eterna. Significa entonces, que la Verdad verdadera o absoluta no tiene un ‘pre’ ni un ‘post’, pues viene de la eternidad y permanecerá en la eternidad una vez «el cielo y la tierra pasen».
La Verdad eterna, de la cual se desprenden las verdades relativas en este mundo, entró en escena desde la misma creación de Dios y una vez la creación sea destruida por el propio Creador (Apocalipsis 20:9,11), Su Verdad seguirá siendo por siempre.
Por esta razón, la Iglesia no puede negociar la Verdad ni mundanalizarla y mucho menos subvertirla; ya que está llamada a ser «columna y fundamento» de esta. No puede la institución espiritual terrenal de Cristo aceptar que las ideologías y el modernismo solivianten la Verdad inmanente al nombre del Señor.
Es por esta razón que no entendemos cómo existen elementos en la iglesia del Señor que aceptan agendas emanadas de corrientes eminentemente ideológicas y anticristianas que buscan subvertir la Verdad eterna por pensamientos y acciones de gente rebelde que no cree ni vive la Verdad absoluta que es Cristo. No, y no, esto es inaceptable.
Como pueblo de Cristo estamos llamados a enseñar la Verdad y rechazar todo lo que la contraríe o no provenga de ella. Es por ello que la iglesia de la posverdad es apóstata, porque acepta que la cultura moderna puede modificar o adaptar la Verdad de Dios al posmodernismo.
«Porque no podemos nada contra la verdad sino a favor de la verdad», escribió Pablo (2ª Corintios 13:8); de manera que aceptar las corrientes e ideologías modernas como verdad no sólo es un grave error, es una abominación contra el Señor. Mucho más cuando tenemos en los capítulos 1 y 2 de la carta a los Romanos la amonestación de Dios a aquellos que «cambiaron la verdad de Dios por la mentira», y que «el juicio de Dios contra ellos es según verdad», porque «castigará con ira a los que por egoísmo se rebelan y no obedecen a la verdad».
Por esta razón aplaudimos lo que sucede en muchas históricas y grandes organizaciones cristianas apóstatas que están siendo abandonadas por sus iglesias filiales debido a que los líderes de estas han abandonado la Verdad del Señor y han abrazado ideologías perversas e inmorales como la defendida por la élite globalista y su lobby LGBTIQ+; porque la Verdad ni se negocia ni se vende, sólo se acepta y se vive al pie de la letra, si es que aspiramos algún día estar de pie en la presencia de Dios, allá en la eternidad.






